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sábado, 21 de mayo de 2011

ELEGÍA PATERNA

A la memoria indeleble e inmarcesible de
mi querido padre, Isidro Mohedas Márquez



Te fuiste, padre mío, de forma muy urgente,
herido de un infarto que impuso su barrera;
tu sangre labradora detuvo su corriente
en triste, prematura y amarga primavera.

Tu débil corazón perdió su movimiento,
contuvo bruscamente su rítmico latido;
tu arcilla envejecida , sin pulso y sin aliento,
quedó ya sin conciencia, materia sin sentido.

Sediento de justicia, te fuiste insatisfecho,
humilde y dolorido Quijote del arado;
labraste sin desmayo, sacando por provecho
cosechas de amargura, de esfuerzo despreciado.

Sembraste en una tierra regada con sudores
que impuso su dureza, sus leyes y su horario:
millares de jornadas con lluvias y calores
pagadas anualmente con ínfimo salario.

Cuidaste de tu tierra con gran delicadeza,
con mimo y con ternura, lo mismo que a una esposa;
limpiaste de su cuerpo matojos y maleza
y, en pago, te entregaba cosecha muy ruinosa.

Amigo de la espiga, del sol y de la encina,
que fueron confidentes de tanto desencanto,
de tanta pena parda que el alma campesina
cosecha en sus entrañas bañadas con su llanto.

Viviste hormigamente, con duros sacrificios:
por sueldo, tu cosecha; por banco, tu granero;
de cara a tu trabajo, de espaldas a los vicios;
por dentro, eras de cera; por fuera, eras de acero.

Hermano del humilde, de todos los de abajo,
que sufren sometidos a ajenas voluntades,
de aquellos que se pagan su pan con su trabajo
y habitan marginados en pueblos y ciudades.

Semillas de tu sangre sembraste en las entrañas
benditas de mi madre, tu noble compañera:
un llanto de alegría regó vuestras pestañas
por fruto tan preciado de humana sementera.

Tuviste solo un hijo, tu fiel fotografía;
plantaste en su conciencia tus nobles ilusiones
y, a cambio, recogiste cosechas de alegría,
de amor y de esperanza en grandes proporciones.

La vida…, ya lo viste: tan solo es un minuto,
muy corto con placeres; con penas, es muy largo;
la muerte nos reclama el último tributo
por huéspedes de un mundo inhóspito y amargo.

Te fuiste, padre mío, de forma inoportuna,
dejándome una estela de lágrimas y penas
y busco soluciones y no encuentro ninguna
que alivie esta amargura que corre por mis venas.

A ciegas, por un mundo de ensueño y pesadilla,
camino solitario como una sombra errante;
no alumbra mi sendero tu luz, que ya no brilla;
mi vida es una noche, su luna está en menguante.

Te busco en todas partes y miro y no te veo;
me encuentro una muralla oculta entre la sombra.
¡Te fuiste para siempre!... Y aún no me lo creo
y clama y te reclama mi voz cuando te nombra.

De noche, por mis sueños, te encuentro en mi camino
y hablamos mutuamente de múltiples asuntos;
despierto bruscamente…; comprendo el desatino
del diálogo de un vivo con seres ya difuntos.

Tu casa, ya mi casa, sombría y desolada
no siente por su seno el cálido revuelo,
el río de alegría, de vida entusiasmada
y llora telarañas de amargo desconsuelo.

Testigos de mi drama, tus prendas personales
renuevan de continuo mi herida por tu ausencia;
su vista me despierta recuerdos paternales
dormidos en el fondo de mi íntima conciencia..

Estéril, sin cultivo , tu tierra es un baldío
vestido con un manto de cardos y de grama;
no ofrece ningún fruto y siente el gran vacío
dejado por su amo que ya no la reclama.

Tus férreas herramientas se enlutan con la herrumbre,
añoran las caricias y el tacto de tus manos
y lloran su futuro de oscura incertidumbre,
inertes compañeras de arañas y gusanos.

¡ Te fuiste, padre mío!...Yo quedo por testigo
y escribo entristecido tu humana trayectoria;
me duele tu partida, te añoro, te bendigo
y riego con mi llanto tu plácida memoria.

Yo canto en estos versos tu límpida nobleza,
tu amor por los humildes, tu austera agricultura,
tu estoico sacrificio, tu férrea firmeza,
tu vida tan sencilla sembrada de ternura.

Y quiero que estos versos te sirvan de homenaje,
escritos con la sangre que vierto por mi herida,
mi sangre -que es tu sangre- prosigue tu linaje
que sigue inexorable las leyes de la vida…

miércoles, 18 de mayo de 2011

VIDA EN SUSPENSO

A pesar de ser culto y muy consciente,
no he aprobado lecciones de la vida
y, aunque estudio a conciencia, se me olvida
la aprendida lección, al día siguiente.

Y me inquieta esta nota “insuficiente”,
en materia tan dura, tan temida,
tan vital... para hallar una salida
al final de carrera en mi expediente.

Esta vida es un libro de problemas,
tan sutil, tan profundo, tan inmenso...,
que plantea polémicos dilemas.

Tanto estudio dedico y tan intenso
sin lograr aprenderme algunos temas
que me duele en el alma este suspenso