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domingo, 20 de octubre de 2013

YO VI LOS CAMPOS DE LA TIERRA MÍA

Yo vi los campos de la tierra mía
pardear en las ocres sementeras
del otoño que roba su alegría;

la parda tierra, en amorosa espera
como esposa esperaba enamorada
el férreo sexo de la vertedera;

en su seno, sentía la llamada
de una ardiente pasión enfebrecida
por el largo verano despertada.

Con la lluvia otoñal humedecida,
la tierra despertaba del letargo
con cara de una niña adormecida;

vestida con su traje basto y largo
de una tela de tonos blanquecinos
que el verano le hacía por encargo.

Yo vi hormiguear por los caminos,
envueltos entre vahos de sudores,
a los graves y pardos campesinos;

iban a su labor de sembradores
del rubio grano en campos barbechados,
poblando la mañana de rumores;

sobre las bestias lentas encorvados,
-cuerpo de acero y corazón de cera-
iban a la besana adormilados.

Su encallecida mano en la mancera,
el pardo labrador iba trazando
los rectos surcos con su vertedera;

inclinado su cuerpo, iba cantando
para aliviar su pena cenicienta,
la lenta pena que le fue matando…

Yo vi a pastores de mirada atenta,
apacentando su pena y sus rebaños
delante de una nube polvorienta.

Leñadores enérgicos y huraños
amputaban sus brazos a la encina,
quedando manca para muchos años.

Cazadores de mirada peregrina
atronaban de ruidos la mañana,
destrozando la brisa cristalina.

Vaqueros cuya vida cotidiana
era un largo mugido descontento
de una vida vivida con desgana.

El latido de vida y movimiento
era una melodiosa algarabía
que animaba el ambiente y el momento.

Yo vi los campos de la tierra mía
sonreír en la tibia primavera
con su verde sonrisa de alegría;

era un verde oleaje la pradera
que el viento peinaba suavemente,
ondulando su verde cabellera.

Las trémulas espigas, cortésmente,
se humillaban por pasos presurosos
de una brisa sonora y trasparente.

Exhalaban perfumes olorosos
las tímidas y tiernas florecillas
entre suspiros suaves y amorosos.

Rezumaban amor las avecillas
-pasión sonora convertida en canto-
de pasiones primarias y sencillas.

Lunares rojos sobre verde manto
eran las encarnadas amapolas
que daban al trigal un bello encanto;

sus frágiles y trémulas corolas
eran gotas de sangre campesina
en verde mar de temblorosas olas;

bajaba alegre el agua cantarina
por risueños regatos bullangueros
con su copla de líquida rutina,

caminos cristalinos, pregoneros
de las lluvias de abril y receptores
del llanto y del sudor de jornaleros.

Yo vi a los sudorientos segadores
con el rayo de su hoz entre la mano
y, en su frente, coronas de sudores;

entre el calor del tórrido verano,
luchaban contra el sol y las fatigas
de implacable combate sobrehumano;

su afilada hoz decapitaba espigas
que erizaban su rubia cabellera
con débil resistencia de enemigas.

Al son de la cigarra bullanguera,
la ruda y la recia mano campesina
cumplía su labor dura y severa;

marcaban su horizonte las cortinas
de espigas empinadas como lanzas
rodeando al segador y a las encinas.

Anunciaban los campos esperanzas
de próxima y prolífera cosecha
si el tiempo no forzaba más mudanzas.

La tierra  era una madre satisfecha
del parto vegetal de espigas de oro
del que salía pálida y deshecha,

pero estaba animada con el coro
de las voces humanas y de ruidos,
sudando humanidad por cada poro;

estallaba la vida y sus latidos
se oían claramente en cualquier lado
en forma de balidos o mugidos.

El rubio cereal ya amontonado
en la tierra erizada de rastrojo
a la espera impaciente del traslado.

Se quejaban los carros con enojo
por sus ruedas crujientes y ruidosas
y, por vejez, propensas al antojo;

con cargas excesivas y enojosas,
rodaban sobre el polvo del camino
al ritmo de las mulas perezosas

y una nube de polvo leve y fino
dejaban tras de sí como una estela
que el viento remitía a su destino;

con una carga de color canela;
caminaban caballos y jumentos
con el sol como experto centinela.

Eran ya los penúltimos momentos,
la saca de las mieses al ejido
en continuo hormigueo y movimientos.

Sobre la tierra, el cereal tendido
para ser sometido a la tortura
de la trilla con trillo, que era uncido

a las bestias calzadas de herradura
que desgranaban de la espiga el grano,
rompiendo con violencia su envoltura;

después, se luchaba mano a mano
con rubia paja y con moreno trigo
con la ayuda del fiel viento solano;

iba el viento llevándose consigo
una nube de tamo y paja vana,
quedando el trigo limpio por testigo;

encima de la tierra limpia y llana
de las eras se hallaban los montones
del grano limpio a la caricia sana

de los rayos solares que, a millones,
chocaban con el grano y con el suelo
inundándolos de ardientes radiaciones.

Iba el sol solitario y sin consuelo
de su larga carrera fatigado,
sudando roja sangre por el cielo;

un horizonte de encinas erizado
su redondez mordía lentamente
cual barquillo redondo y encarnado.

Se acercaba la noche mansamente,
su aliento de fragancia y de frescura
refrescaba la tierra y a la gente.

Se borraban las cosas…y, la altura,
por la vasta llanura oscurecida,
Iban saliendo gotas de blancura;

La luna solitaria y resentida
comenzaba su camino perezosa,
soñolienta, indolente y aburrida.

Y la era se tornaba bulliciosa
con las voces de juegos y canciones
que robaba la prisa presurosa;

voces tiernas, preñadas de emociones
que cantaban monótonas rutinas,
cantares de las viejas tradiciones.

Elevados castillos, las hacinas
en su juegos de loca fantasía
y montones de paja por colinas.

Soportaban los niños, con porfía,
el punzante pinchazo de los cardos
con su dura disciplina y alegría.

Agricultores de ropajes pardos
narraban su desgracia o su fortuna
impasibles, austeros y gallardos;

a la luz blanquecina de la luna,
mirando hacia atrás, hacían recuento
de penas y alegrías de  una en una;

no contaba el pasado sufrimiento,
bofetadas de lluvias y calores,
coronas de sudor, golpes de viento…;

Importaba que fueran ganadores
en la ingrata ruleta del destino
donde juegan los pobres labradores

para ganar su pan y su mezquino
mendrugo de ilusión y de esperanza,
el triste fruto que les dio su sino.

Ni viento favorable ni bonanza
hinchó su corazón hospitalario
con algún soplo de fe y de confianza;

sin seguros sociales , sin salario,
era el sudor su única riqueza
y su única moneda el fruto agrario;

alegres vivían en su pobreza
sin sentir por su vida la locura:
vender su libertad y su pureza.

Sencilla era su vida y su hermosura,
tan diferente a la belleza urbana,
que era pálida y fiel caricatura.

Se escuchaba la paz serena y llana
por la boca de  ranas y de grillos,
cantando a la luna soberana.

Por la boca de los hombres y chiquillos,
plenos de libertad y  poderío,
en su mundo de mieses y de trillos.

Copiosa la cosecha, con qué brío
aumentaban los granos el granero,
y , gota a gota,  se formaba el río…,

un río de cosecha prisionero,
entre cuatro paredes encerrado,
era el salario para el año entero.

Por  muela del molino triturado,
en blanca harina para tiernos panes
condenados al horno y al bocado…

Un viento loco entró por los zaguanes,
convirtiendo a millares de extremeños
en suizos , en franceses y alemanes;

buscaban horizontes halagüeños,
abandonando el campo y sus labores
en las ingratas manos de sus dueños;

la injusta inquisición de esos señores
destrozó su esperanza y su alegría,
absorbiendo sus fértiles sudores…

Hoy, veo los campos de la tierra mía
de labradoras manos divorciados
en desolada y parda geometría.

Ya no trazan sus surcos los arados
en pardas y otoñales sementeras
ni pacen cabizbajos los ganados,

buscando espigas en las rastrojeras;
ya no se oyen los trémulos balidos
del rebaño bajando a la riberas,

nubarrones de lana conducidos
por pastores y perros justicieros
bajo un sol implacable adormecidos;

de su madre apartados los corderos
y alimentados por la “madre ciencia”
en establos los tienen prisioneros.

Se denuda sin amor y sin conciencia
al campo de la sombra de su encina
y, en minutos, termina su existencia:

la mecánica máquina asesina
va, en redondos cilindros, con su sierra,
serrando con rigor y disciplina.

Ya  a paz  no suena el campo, sino a  guerra
cuando llegan oscuros cazadores,
sembrando sombra y sangre por la tierra.

Ya no se oye a los graves labradores
lentamente acercarse a la besana,
animando el ambiente con rumores;

muda y sorda se queda la mañana,
solitario va el viento fugitivo,
siguiendo su camino con desgana.

Enfadado está el campo y agresivo,
erizado de cardos y maleza,
su triste desamparo es el motivo.

Ya no siega la mano con firmeza
la espiga sazonada y cabizbaja
por el fruto humillada su cabeza;

ya las mieses a la era no las baja,
ni las trilla en las parvas con los trillos
ni divorcia con viento grano y paja;

no juegan a guerreros y a castillos
los chiquillos libremente por la era
con orquestas de ranas y de grillos;

ya la luna solitaria y altanera
no congrega a los hombres junto al trigo
arrojando su luz de consejera,

ya no sirve, en las noches, de testigo
de la charla de corros bullangueros,
murmurando del tiempo su enemigo,

vacíos están las trojes y graneros,
desolación y ruina se cosecha
en tierra de patronos y renteros

y a una grave pobreza va derecha
esta tierra sumida en el olvido
de su gente, que emigra, insatisfecha

a buscar a su vida otro sentido,
un futuro más claro y más seguro
para su humilde corazón herido.

Desangrando está el pueblo y sin futuro
y un trágico destino lo amenaza
si no se lucha y se trabaja duro;

un perezoso paro lo atenaza,
impidiendo su acción y movimiento,
parálisis social, gran amenaza.

Enfermo está mi pueblo y sin aliento
ya poblado de niños y de ancianos
y sólo pasa por sus calles viento,

abandonan las casas en las manos
del olvido y del tiempo destructivo,
sólo habitan hormigas y gusanos;

viejas casas de aspecto reflexivo
con sus bocas cerradas y sus ojos
ya cerrados al viento fugitivo.

Un presente de restos y despojos,
tal estela de tristeza y amargura
y un sendero de espinas y de abrojos

es lo que resta de una vida pura
preñada de candor y de inocencia…
¡ya enterrada en su humilde sepultura!

Un futuro se acerca con prudencia,
con sus manos colmadas de esperanza
y a todos reclamando más conciencia,

un mañana implacable que ya avanza,
aunque lento, con pasos de gigantes,
despidiendo por sus ojos confianza.


De un presente de crisis inquietantes,
de paros, de miserias, de temores,
de injustos latifundios humillantes,

de dueños, de empresarios, de señores,
de  esclavizantes drogas , de consumo,
de robos, de revanchas, de rencores,

de un amor al dinero en grado sumo,
del placer al alcance de la mano
que nace y se deshace con el humo…;

de este presente sibarita y vano,
preñado de inquietud y sufrimiento,
nos nacerá un futuro fuerte y sano.

Tendrá su día, su hora y su momento
mi tierra desgarrada y malherida
porque el campo tendrá un renacimiento:

la tierra, por el agua humedecida,
se verá, por pantanos y por ríos,
en un mar de verdura convertida;

cambiarán el secano en regadíos,
crecerán verdes barbas a la tierra
al calor de sus cálidos estíos,

tendrá verdes melenas la alta sierra
-la niebla verdioscura de los pinos-
y, en el verde silencio, la motosierrra

al viento verterá sus troncos trinos
cuando afeite de los troncos el ramaje
con su hilera de dientes diamantinos;

perderá la montaña su pelaje,
sin hogar quedarán los ruiseñores,
su verde risa perderá el paisaje.

Metálico murmullo de motores
se escuchará en las pardas sementeras
por el ronco rugir de los tractores,

nubecillas ingrávidas , ligeras
se elevarán detrás de sus arados
formando polvorientas cabelleras;

con las lluvias de otoño, los sembrados
estrenarán su verde vestidura
para su largo invierno y los ganados

tendrán su vitamínica verdura;
las encinas, tan sobrias y sencillas,
echarán, en su copa verdioscura,

sus diminutas flores amarillas;
cubrirán las bellotas su cabeza
con gorra en sus redondas coronillas.

Pasará del otoño la tristeza
que barrerán los vientos invernales;
vendrá la primavera con presteza;

con la lluvia y el sol primaverales,
tornará la sonrisa de alegría
a los campos cubiertos de trigales;

de la alondra la alegre melodía
se oirá por matorrales y guaperos
bajo un cielo de azul monotonía.

Volverán los calores, mensajeros
del verano que madura las espigas
de sazonados granos prisioneros.

Antes que las tormentas enemigas
las destrocen con trombas de granizo,
vendrán los labradores como hormigas

a recoger-¡oh, prodigioso hechizo!-
lo que tiraron… ya multiplicado:
su gran cosecha de color cobrizo.

Y, otra vez, con su músculo acerado,
vendrán cosechadoras y tractores
con ronco de jadear por el sembrado,

trigo y paja chorreando sin sudores
por sus largos y rectos intestinos,
guiados por expertos conductores.

Habrá nubes de polvo en los caminos
detrás de los tractores con el grano
con su lento rodar… ,como casinos

y, sin ningún esfuerzo sobrehumano,
nos colmarán  las trojes y graneros
entre máquinas y hombres mano a mano.

Contentos estarán los cosecheros,
su corazón de fiesta y de alegría
se vestirá en los meses venideros>;

contentos los pastores por la umbría,
vigilando su hacienda, su rebaño,
-nube lanar de carne y caloría-.

Contentos los ganados, todo el año,
tendrán de la cosecha su provecho
y su alimento el hombre con su daño.

Contento estará el trigo bajo el techo,
soñando convertirse en blanca harina
o en morena semilla  de barbecho.

¡Qué alegría sonora y cantarina
chorreará de ventanas y balcones
por la humilde victoria campesina!

¡Qué hinchados de ilusión los corazones
de esta bendita y resignada gente
condenada al dolor de los rincones!

A Dios le pediré piadosamente
que reparta, entre gente labradora,
las tierras que regaron con su frente;

que borre, con su gracia redentora,
la negra mancha del latifundismo
y evite una justicia vengadora;

la tierra pertenece, por bautismo
de sangre y de sudores seculares,
al que la labra y siembra por sí mismo.

Que retornen, por fin, esos millares
de austeros y humillados emigrantes
al calor y a la paz de sus hogares;

ya no quieren ausencias humillantes,
disfrazados destierros, lejanía
de eternos solitarios ambulantes;

ellos quieren fraterna compañía
en sus pueblos nativos , con su gente
y vivir con los suyos un presente
de esperanza, de paz y de armonía…

domingo, 13 de octubre de 2013

HOY ME PONGO A LLORAR...

             A la memoria indeleble de mi primo-hermano
             Felipe Muñoz Ramos, muerto  tempranamente.
   Hoy, me pongo a llorar…, pero a destajo
porque  tú te  has marchado a la otra vida,
sin mi abrazo final, sin despedida
y me has puesto la vida bocabajo.

   Hoy, yo siento en mi alma el golpe bajo
de tu muerte… y no encuentro  una salida
para tanto dolor por tu partida
y no tengo un segundo de relajo.

   Tú de cuerpo presente; yo, lejano,
empapando  de penas mi pañuelo,
intentando  sedar -¡intento vano!-

   tanta ingrata amargura, tanto duelo
porque  tú ya te has ido, primo-hermano
y yo quedo de luto y sin consuelo...

viernes, 11 de octubre de 2013

GRAMÁTICA AMOROSA: ORACIÓN COPUATIVA

Ejemplo de oración copulativa
es la unión de dos seres por un nexo:
una hembra y un hombre, y es el sexo
conjunción coordinante y unitiva.

Se concuerda la parte respectiva
de la hembra, con cuerpo genuflexo,
y del hombre, con miembro bien conexo,
y se inicia la acción superlativa.

Los sujetos activos, en contacto,
ya enlazados por nexo conjuntivo,
ejecutan recíprocos el acto...

Con vaivén ascendente, convulsivo,
se culmina la acción sin entreacto
hasta el fin del afán copulativo...