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jueves, 12 de junio de 2014

A UN REACCIONARIO EXTREMEÑO

   Caminas hacia atrás como el cangrejo
porque sientes nostalgia del pasado
y tu oscura conciencia se nublado
como luna empañada de un espejo.

   De espaldas a tu gente y al consejo
de tu débil razón, has traicionado
a tu clase social; vives marcado
con el hierro de esclavo en tu pellejo.

   Defiendes con enérgicos fervores
la voluntad del amo y su postura
a cambio de mendrugos y favores.

   Vacío de conciencia y de cultura,
te dejas arrastrar por los autores
del mal y del dolor de Extremadura...

martes, 3 de junio de 2014

CADA AGOSTO...


(A todos los jaraicejanos o monjinos
    que viven fuera de su pueblo  )

Cuando julio, cansado de cosechas,
se retira despacio y somnoliento
a dormir su letargo de once meses
en su lecho de tiempo y de silencio.
Cuando agosto contento se levanta
con  su tono festivo y bullanguero,
se  despierta risueño de su siesta
nuestro  pueblo querido, Jaraicejo.
Porque llegan, ¡por fin!, las vacaciones
para aquellos que estamos en destierro
de la tierra natal y nos sentimos
hondamente arraigados a este pueblo.
Una voz interior y misteriosa
con acento materno y lastimero
nos convierte en piadosos peregrinos
que cumplieran promesa o juramento.
Nos congrega un amor sin intereses
mantenido en la ausencia, un mandamiento
de las hondas raíces de la sangre
sin la mancha del gris resentimiento.
Cada agosto, tornamos puntuales
a la cita estival con los recuerdos,
a poblar este pueblo despoblado
de sus hijos distantes y dispersos,
con maletas repletas de ilusiones,
de añoranzas, de amor, de sentimientos…
que nos ponen a punto la esperanza
y una luz de alegría en nuestros gestos.
Porque somos los hijos de esta tierra
que no supo ser madre con gran celo,
permitiendo marcharnos en desmadre
a vivir en la ausencia como huérfanos.
Regresamos cansados de distancias
a  este humilde rincón del universo
a  curarnos la herida de la espina
que llevamos clavada en nuestro pecho,
a  regarnos del alma las raíces
con las savias natales de este suelo
y empapadas, mantengan en frescura
la  fragancia de todo lo extremeño.
Retornamos del mundo de la prisa,
del cristal, del asfalto, del cemento…
que nos sube el voltaje de la vida
y nos pone de puntas nuestros nervios;
de ese mundo de gases y de ruidos
que nos pudre hasta el aire y el silencio
y mutila la paz  y la esperanza
con las rudas aristas del progreso.
donde todo se ordena, se programa,
se computa… con máquinas-cerebros
que controlan en claves nuestras vidas
reducidas a cifras de un fichero.
Porque el hombre tan sólo es una pieza,
-¡el tornillo más débil y grotesco!-
de un inmenso montaje de intereses
y, si falla, es muy fácil su repuesto.

Cada agosto, salimos presurosos
de este infierno febril y turbulento
de la ingrata ciudad que nos ahoga
con el turbio oleaje de su aliento.
Y venimos manchados de tensiones
a bañarnos el alma en el sosiego
de los suaves remansos de la infancia
y a curarnos los ruidos con silencios.
A lavarnos la vista en la belleza
de estos cielos  de azules tan intensos
y en los hondos y abiertos horizontes
que se pierden cansados  a lo lejos…
A barrernos el polvo del olvido
que nos cubre de harapos los recuerdos;
a escuchar esas voces tan queridas
de los viejos amigos de otro tiempo.
A entregarnos en grata compañía
fraternal, sin dobleces ni recelos
porque somos de aquí y , en nuestra casa,
no nos gusta sentirnos forasteros.
A cumplir un sagrado imperativo
que nos manda bajar al cementerio
donde están las reliquias paternales
y rezar ante el nicho un padrenuestro.

Cuando agosto reduce las distancias
a  la justa mitad de su trayecto,
ya se sienten con fuerza los latidos
por las venas y arterias de este pueblo.
Poco a poco, mejora de su anemia,
se reanima, se pone en movimiento
y se viste  de fiesta con el traje
más festivo que guarda en su ropero.

Porque llegan sus fiestas patronales
y precisa tener muy buen aspecto
ante todos sus hijos, sin que nadie
lo notemos que se halla muy enfermo…
Por sus calles, tan mudas todo el año,
-como cauce de un río ya reseco-
ya comienza a sentirse ese tumulto
que levanta el humano en su trasiego.
Muchas casas sin vida, silenciosas,
ahora  sienten el trémulo ajetreo
de la vida que late en sus entrañas
con rumores de platos y cubiertos.
Todo el pueblo es bullicio, algarabía,
un inmenso y sonoro sonajero,
que pregona los actos de la fiesta
como fiel y ruidoso pregonero.
Una nube de ruidos se levanta
del  humano tropel en sus festejos,
anunciando en un acto del programa
con el viento por raudo mensajero.
La carrera pedestre, los concursos
Infantiles con lluvia de trofeos
y  la misa mayor y el ofertorio
y el deporte prosaico y placentero.
y la típica histeria de los toros
con la sangre y la muerte por objeto
que despierta los posos más primarios
de la fiera que el hombre lleva dentro.

Nuestras calles son ríos de personas
y de coches en lento devaneo,
de un lugar hacia otro en la esperanza
de saciarse la sed con algo fresco.
O abrasar en los bares con bebidas
la infección  de las  penas en el fuego
de su líquida hoguera por sentirse
en estado más grato y lisonjero.
Corazón de las fiestas es la plaza
donde se oye el intenso abejorreo
de un enjambre infantil que va libando
con la vista los dulces de los puestos.
Es el foco de juegos de atracciones,
inundada  de luces y reflejos
del modesto tiovivo,  la verbena,
la caseta de tiros y el dulcero.
Aprendices del rayo los cohetes
ornamentan el negro firmamento
con sus  ramos de flores luminosas
de polícromos pétalos tan bellos.
Cuando agosto, cansado de sus fiestas,
se retira a dormir un poco ebrio,
todo vuelve a su curso, tal las aguas
desbordadas de un río hacia su lecho.
Nuestro pueblo de nuevo se desangra:
gota a gota, sus hijos se van yendo
con maletas repletas de nostalgias
a  vivir en la ausencia a contrapelo.
Por sus calles desiertas, silenciosas,
no se siente el más mínimo ajetreo;
sólo el viento transita fluvialmente
en su humilde labor de barrendero.
Muchas casas cerradas a la vida,
sufrirán solitarias y en silencio
la condena de ser por muchos meses
almacenes de sombras y recuerdos
Todo pasa fugaz…, pero retorna
tal la noria en eterno movimiento;
volveremos  nosotros cada agosto
porque hallamos aquí nuestro epicentro.